8 nov. 2011

Biografía de Bernardo Alquicira


Bernardo Alquicira nació en la ciudad de Valparaíso, Santiago de Chile en el año de 1958, Hijo de Fernando Alquicira y Teresa Ochoa. Su padre fue comandante del Ejército de Chile durante el gobierno de Salvador Allende desde 1970. Su madre era maestra de literatura, desempleada desde que contrajo matrimonio con el comandante. Durante el Golpe de Estado de Pinochet en el año de 1973 su padre fue asesinado y su madre partió de inmediato a la Ciudad de México. Para esas fechas Bernardo era un joven de 15 años que había devorado libros enteros sin salir de su casa. El comandante Fernando procuró darle una educación de primera. Si empre tuvo a sus maestros en casa y no salía a la calle, salvo algunas veces para visitar a sus abuelos maternos. A su llegada a México, su madre tuvo que buscar trabajo y lo encontró pronto en una escuela desprestigiada que llevaba por nombre, Escuela Iberoamericana de Literatura, hoy en día inexistente. Mientras tanto el joven Bernardo se la pasaba en un viejo departamento que rentaban en la periferia de la Colonia Roma. En ese sitio, el joven escribiría su primer poemario, titulado El grito de la mariposa. Más tarde, en el mes de Junio del año 1974, su madre contrajo nupcias con un profesor de filosofía francés, quien se la llevó a vivir a Francia. Bernardo jamás supo nada de ella, pero llevó consigo todo el bagaje cultural que ésta le transmitió desde su corta edad. Así pues, Bernardo a sus 16 años era un muchacho demasiado bueno para la poesía. Nunca dio a conocer sus poemas, hasta que se enteró de un certamen que les ofrecía a todos los poetas de América Latina, la opción de participar en el Primer Premio de Poesía César Vallejo, organizado en Lima, Perú. El premio fue la publicación de la obra y 30 mil dólares. Su poesía era incomparable, el jurado no pudo creer que un joven de 16 años haya sido el ganador de un premio de esa magnitud; por tal motivo lo llamaron “El Rimbaud Latinoamericano”. El día de la premiación, en diciembre de 1974, se dirigió a la ciudad de Lima para recibir el premio. Al llegar al aeropuerto de la ciudad de Lima se detuvo un momento en una librería de libros antiguos. Había a muchos poetas del mundo entero. En esa librería encontró un libro viejo que había escrito un poeta portugués llamado Fernando Alquicira. Según los informes del librero, ese poeta era un heterónimo de Fernando Pessoa que nadie conocía en ninguna parte del mundo. El libro estaba escrito a mano y tenía un forro de piel muy desgastado. El nombre de dicho poeta, heterónimo o no de Fernando Pessoa, le causó incertidumbre a Fernando Alquicira, y lo hizo entrar en un estado de angustia que desconocía hasta aquella ocasión. Al llegar al hotel donde se hospedó, recibió la visita de los organizadores de la premiación que se realizaría por la noche. El joven poeta, en cuanto se quedó solo en la habitación, leyó los versos del libro extraño que compró en el local del aeropuerto. Era la poesía más extraña que había leído, una mezcla de lenguas como el francés, el italiano, el portugués y el español. Pero, lo que más le inquietó, fue el verso con el que cerraba la serie de poemas escritos en aquel libro: “El grito de la mariposa”. Al caer la noche, encontraron el cuerpo del poeta con el rostro pálido y la boca negra en el cuarto de hotel. Nadie ha podido dar una explicación sobre su muerte. El libro viejo, supuestamente escrito por Pessoa, es considerado como la segunda parte del libro que ganó el certamen en Perú, por lo que fueron publicadas ambas obras en un mismo tomo. Hasta la fecha no ha existido un poeta como Fernando Alquicira.

Francisco Trejo

2 comentarios:

  1. No pero si la proyección es increíble. Jajajaja... Muy bueno, nos das pocos datos del personaje como persona pero ubicas bien el tiempo/espacio y además, proyectas una anécdota que podría ser muy interesante manejar en teatro.

    ResponderEliminar
  2. A mí me dio una sensación de algo sobrenatural que podemos trabajar en algún tipo de mezcla de diálogos de poesía, preformance y delirios pachecos... Jejejeje... Ahí tú dices.

    ResponderEliminar